La opinión de quien decide

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Era un caluroso mes de Junio en una gran ciudad del norte de México, una joven chica de 22 años había decidido casarse apenas unas semanas más tarde con el que había sido su novio durante más de 5 años. En la familia todo el mundo estaba feliz, todos conocían a la pareja, eran adorables, se querían, se respetaban y se veían a simple vista que estaban hechos el uno para el otro, fue por ello que todo el mundo apoyaba ese matrimonio y querían participar en lo posible para ayudar a que ese día saliera perfecto, pero había una persona que estubo especialmente interesada en aportar su grano de arena, era el padre de la novia el cual tenía unas opiniones muy firmes sobre como debía ser aquel día.

A diferencia de los padres del novio o la madre de la propia novia, quienes acompañaban a los novios en sus quehaceres, aportaban su opinión cuando se les solicitaba por ejemplo para la elección del vestido, del mejor menú, del mejor restaurante, etc., el padre en cambio lo que hacía era aportar directamente nombres y opiniones fuesen o no solicitadas. A modo de ejemplo quería decidir el restaurante, el menú, el fotógrafo, la música de la apertura del baile, entre otros detalles totalmente a disponer por los novios.

Si bien en un inicio todo parecía ser a causa de los nervios y así se lo tomaron los novios y los familiares de estos, con el paso del tiempo y las semanas se vió como el padre no desistía en su intento de gestionar toda la ceremonia y la boda en general como si fuese él mismo quien se casara, lo cual empezó a causar malestar entre todos y es que por mucho que se le indicaba que las decisiones no eran de su competencia él negaba a cambiar su actitud. Todo este proceso trajo consigo grandes problemas entre la pareja e incluso entre las familias de esto, por lo cual se decidió tomar una acción tajante y que no dejara opció a reacción, se adelantó la boda a ese mismo fin de semana y no se avisaría al padre del novia hasta el mismo día.

Al llegar el día y el padre se enteró tubo un enfado monumental y si bien en un primero momento decidió no asistir a la boda, finalment optó por hacerlo, convencido de que nada saldría bien. Cual fue su sorpresa al ver que todos estaban felices, radiantes, el lugar era precioso y el menú estubo delicioso.

“No puedes imponer tu opinión en aquello que no tengas competencia para hacerlo, recuerda que tu opinó es igual de válida que la de los demás, pero no más que ellas”.

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