El trabajador que no quería a su trabajo

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En una pequeña población al norte de Londres, había un hombre que llevaba años trabajando como mecánico, de hecho llevaba tantos años que le faltaba muy poco para jubilarse, por ello decidió que era el momento de pasar el relevo y enseñarle la profesión que tanto había amado y que les había dado de comer a él y a su familia durante años, a su hijo mayor. Rod, su hijo de 18 años, no tenía aún claro que quería hacer con su vida, eso sí, no quería estudiar ni un sólo día más.

El padre de Rod le explicó que había llegado el momento de empezar a enseñar su profesión a quien heredaría el pequeño taller, y su hijo decidió aceptar ante la falta de oportunidades que había en su pueblo. Tras un largo verano con jornadas de más de 8 horas cada día, Rod consiguió aprender bastante bien las bases del trabajo, un trabajo que para él resulto ser mucho menos gratificante de lo que se esperaba. Durante esos tres meses estivales, el joven recriminó sin cesar a su padre que le introdujiese en una profesión tan dura y a la vez, según su criterio, poco interesante y motivadora.

El padre herido por todas esas palabras, llegó a su momento de jubilación con el malestar de saber que el negocio se quedaba en manos de alguien que no lo quería como él esperaba, pero con la tranquilidad de que al menos si lo hacía bien, no le faltaría dinero para comer nunca más.

Con el paso del tiempo Rod empezó a descuidar más y más el negocio, entregaba los coches reparados mal y tarde, empezó a conocer a una novia a la cual cada vez dedicaba más tiempo, hasta que llegó el momento en que el negocio estaba cuesta abajo y sin frenos y su vida personal cuesta arriba, tanto que su mujer estaba embarazada.

Al llegar el bebé de Rod, la familia se encontró con un problema, la mujer perdió su empleo y Rod no conseguía ni un sólo cliente, todo el pueblo decía de él que era un mal trabajador, poco cumplidor y que en nada se parecía a su padre quien sí era un profesional. Tras ello y tras días de no poder conseguir el dinero necesario para cubrir los gastos del hogar y la familia, Rod volvió a casa de sus padres a pedir ayuda a lo que su padre le respondió:

“Hijo mío, te dí un empleo, un sueldo para mantener a tu familia y mi trabajo y reputación de toda una vída, espero que ahora comprendas la importancia de un trabajo y que nunca hay que olvidar el porque lo estamos haciendo”

Tras esto su padre volvió durante 6 meses al taller, tras lo cual consiguió no sólo volver la confianza de sus vecinos, sino motivar a su hijo para que desde entonces, llevase con orgullo el negocio adelante.

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