El ternero y la abeja

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Un buen día en una tarde de intenso calor veraniego había un ternero que estaba placidamente descansando al sol del aire libre.

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Después de un tiempo, observó como un grupo de abejas se acercaban a donde él se encontraba tumbado, atraídas por los olores de las flores por lo cual se levantó de su sitio para preguntarles qué hacían allí.

Una de las abejas estaba exhausta después de tanto tiempo volando hasta que finalmente encontraron aquellas flores, así que decidió posarse sobre el ternero sin que éste se diese cuenta de lo ocurrido.

Pasó el tiempo y el joven ternero se volvió a tumbar al sol porque se trataba de uno de los días más calurosos que había conocido, hasta que a las 5 horas o más, la abeja que estaba posada sobre su cuerpo levantó el vuelo para continuar con sus hermanas en dirección a la colonia.

Antes de marcharse la abeja, le preguntó al oído del ternero si estaba contento porque tras todo aquel tiempo al final emprendiese el rumbo a otro lugar con sus hermanas, a lo que éste respondió que no se había dado cuenta de su existencia por lo que no podía estar mejor ni peor.

Moraleja:

Si estás vivo y presente en un sitio pero no haces nada en él, no se notará tu ausencia cuando te marches.

 

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