El niño feo, el niño guapo

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En una ciudad del norte de Florida, había un pequeño niño llamado Bruno, Bruno había tenido muchos problemas de salud desde bien pequeño y es por ello que con el paso del tiempo, si bien se recuperó completamente de todo aquello más perjudicial a nivel interno, le quedaron algunas secuelas de carácter físico que se veían a simple vista. Concretando algo más sobre los aspectos estéticos de Bruno, causados por sus enfermedades, destacaba por encima de todo el hecho que no podía mover toda la parte izquierda de su rostro, afectándole sobretodo en el habla.

Bruno era un niño fuerte, y aunque con 9 años aún se es pequeño para comprender muchas cosas, él sabía que es lo que había provocado su estado actual y que no podía hacer nada para remediarlo, de modo que su resignación, si bien no fue rápida, si fue sólida.

Un día al llegar al colegio, la profesora les indicó que iba a empezar con ellos un nuevo alumno, Víctor, un chico que provenía de un colegio concertado de la ciudad vecina y que por motivos de trabajo de sus padres, pasarían a residir en ese pueblo. Tras una primera bienvenida por parte de todo el grupo al nuevo alumno, todos se quedaron sorprendidos al ver que el primer día al ver a Bruno lo primero que hizo fue reirse y burlarse de su aspecto físico, tras lo cual los compañeros, amigos de Bruno, salieron en su defensa.

El joven Víctor parecía no tener compasión de las peculiares sitauciones por la que había pasado su compañero y siguió riéndose y burlándose durante semanas. Bruno era una persona muy empática y agradable, y nunca tuvo una palabra malsonante para su nuevo compañero, con el cual incluso se sentó para explicarle el porque de su aspecto.

A los pocos meses de iniciarse el curso, el joven Víctor faltó a clase durante varios días, la profesora anunció a los alumnos que había sido a causa de un accidente de tránsito. A las dos semanas volvió al colegio, y para sorpresa de todos tenía la cara parcialmente afectada por el accidente y parecía desfigurada. Recordándo todo lo ocurrido con Bruno, todos empezaron a burlarse y reirse de Víctor, el cual empezó a llorar abrumado por tanto despecho y odio, pero algo succedió. Al inicarse las burlas una voz surgió del fondo de la clase que dijo ¡PARAR¡

Había sido Bruno, el cual salió rápidamente en defensa de Víctor, y dijo a sus compañeros:

“Lo que le estáis diciendo a él también me lo hacéis a mí, ambos tenemos un problema y merecemos respeto, de modo que si amí me lo tenéis que así sea para todos”

Tras esto nadie volvió a reírse de Víctor ni este de Bruno, de hecho aprendió una de las mayores lecciones de su vida, nunca trates a los demás como no te gustaría que te tratasen a tí.

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