El jilguero tímido

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Érase una vez un jilguero que cantaba estupendamente, pero que por timidez no lo hacía en público. Otros jilgueros le solicitaban escuchar su canto, pero éste se negaba, le daba mucha vergüenza y, según confesaba, temía que se burlasen de él.

Los días pasaban y el jilguero seguía sin cantar. Vino un canario precioso y le preguntó por qué no cantaba, si le había descubierto en ocasiones cantar solo en el bosque y lo hacía estupendamente. De nuevo el jilguero se negaba a cantar por vergüenza.

Al final llegó un ruiseñor y se puso a cantar una melodía preciosa a su lado. El jilguero ni se inmutaba. El ruiseñor al final le animó a cantar porque creía que podían formar un dúo increíble. Pero el jilguero le contó lo de siempre, que tenía vergüenza. El ruiseñor le contestó que eso no le importaba, pero que si dejaba de cantar por miedo a lo que le dirían, dejaría de ser él mismo.

Moraleja: Debemos mostrar a los demás como somos, sin importar lo que opinen o critiquen, o perderemos nuestra esencia y personalidad.

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