El hombre que aconsejaba a todo el mundo

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Por todos es conocido que si acudes al pequeño pueblo de Manchausen y preguntas por el hombre que todo lo sabe, la mayoría de las personas sabrán de que les hablas, y es que existe una fábula que se cuenta sobre un hombre llamado Tom. Tom era un arquitecto jubilado que según contaban, era conocedor de la práctica totalidad de temáticas que existían, tanto era así que todo el mundo acudía a él en busca de respuesta cuando algo se les resistía o simplemente no sabían como actuar o como resolverlo.

Tom había trabajado durante mucho tiempo creando edificaciones para las empresas más importantes del condado y había sido galardonado por sus diseños rompedores y modernos, no obstante, nadie conocía que hubiera tenido más profesión que esa, no obstante aconsejaba sobre todo tipo de temas, desde el amor y el desamor para las parejas que tenían dudas y querían saber si seguir juntos, si una persona sería capaz de conquistar a otra, etc., hasta pasando por consejos sobre salud algo mucho más temerario y en lo que al parecer se basaba en intuiciones.

Dado que nunca habían sido problemas excesivamente grandes los que se le habían presentado a Tom en sus entrevistas con vecinos, lo cierto es que la posibilidad de ayudarles mediante un consejo aún y en la posible situación que realmente no supiera de lo que estaba opinando, era relativamente alta. En los casos de amor o desamor era dificil fallar ya que simplemente puede ser que no consigas a la persona que querías porque no has esperado suficiente, y en caso de parejas que os habéis separado antes de tiempo pero él sabía que ibais a durar. Tanto es así que llegó un punto en el cual los vecinos empezaron a sospechar de si realmente era tan sabio como algunos decían o si por lo contrario siempre elegía a aquellos vecinos con problemas más simples para así asegurarse seguir acertando.

Tras estas sospechas, Tom decidió acudir a por una persona con un problema mayor, convencido de que sería capaz de acertar en su consejo, en concreto eligió a una mujer que acababa de recibir una herencia. La mujer no tenía mucho dinero y quería destinar la cantidad heredada a pagar la deuda de su casa para así vivir tranquila, no obstante el arquitecto le recomendó no hacerlo, ya que si invertía ese dinero en un plan de inverisón que él le indicaría, sacaría el doble y podría pagar su casa y comprarle todo lo que quisiera a sus hijos. La mujer confiada aceptó y a las dos semanas había perdido todo su dinero.

“No podemos dar consejos sobre lo que no sabemos, sino seremos responsables de las consecuencias”

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