El avariento

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Un hombre ya cerca de ser anciano tenía mucho dinero, pero para guardarlo, decidió cambiarlo todo por el más preciado oro. Una vez tuvo en su poder el oro, decidió ir a un terreno desierto cercano y enterrarlo.

El hombre, estaba obsesionado con su posesión, la visitaba todos los días. Otro hombre se percató de ello y lo siguió. Cuando se dio cuenta de que lo que estaba escondiendo el viejo avaro era oro, esperó a que marchara y se lo robó.

Al día siguiente el hombre avariento regresó en busca de su tesoro y, al ver que se lo habían robado, se echó a llorar y a blasfemar. Por allí pasaba un agricultor y le preguntó lo sucedido. Al contarle la historia, el agricultor se sorprendió y le dijo que no entendía por qué lloraba por algo que tenía como si no lo poseyera. “Esconde una piedra”, le dijo, “y haz con ella lo mismo que con el tesoro, pues de lo mismo te servirá ya que nunca hacías uso de él”.

Moraleja:

De nada sirve poseer una cosa si uno no la disfruta en absoluto.

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