Cuando los orígenes no cambian

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Maya era una chica común, tenía unos padres trabajadores, ella era una estudiante de las de aprobado justo y su hermano un gran deportista que además sacaba grandes notas en los exámenes. Maya no se consideraba en ningún caso una persona con mala suerte, no obstante si era cierto que tenía ciertas ansias de crecer y mejorar que no había podido acometer dado lo “normal” de su situación familiar y financiera.

El padre de Maya era un carpintero al cual le gustaba jugar a la lotería en búsqueda de un poco de emoción semanal más que por la convicción real de que pudiera en alguna ocasión ganar un dinero aceptable, por ello semana tras semana compraba un boleto que a la semana siguiente cuando acudía a comprar el próximo, comprobaba. Así se hacía desde antes de que Maya naciera y así siguio siendo hasta la actualidad, pero un buen día, un miércoles de verano cuando acudió a comprobar su boleto y comprar el nuevo recibió una sorpresa que no esperaba, había ganado dos millones de dólares.

Desde ese momento todo cambio y Maya disfrutó con el cambio más que nadie, pidió ir a un colegio de pago, cambio todo su armario por ropa de marca, empezó a acudir con amigas de otro nivel económico y en definitiva dió un salto a la alta sociedad como si lo llevara años esperando, vivía en una burbuja de la que nunca quería salir. Sólamente le faltaba cumplir ya un sueño a Maya para estar realizada, llegar a ser veterinaria.

Pasaron los años y Maya cada vez se encontraba más cómoda entre sus nuevos amigos, en su nueva casa, etc., pero llegó un momento decisivo para su futuro y sus planes, los exámenes que le darían o no acceso a la universidad y concretamente a la facultad de veterinaria a la que ella aspiraba llegar. Cabe recordar que Maya nunca fue una excelente estudiante, y de hecho conforme fué pasando el tiempo sus notas no es que fueran precisamente al alza, no obstante ella seguía segura de sí misma y más con su nuevo status.

Tras finalizar los exámenes la nota le dejó asombrada, había suspendido y no podría ser veterinaria, lo primero que hizo, sin tan siquiera alarmarse fué llamar a su padre y explicar lo ocurrido, cuando su padre le dijo que lo sentía y que tendría que haber estudiado más y que el próximo curso lo haría mejor, Maya se exaltó, pensó que siendo rica ya no había problemas en la vida y que todo podría solucionarse con dinero, se equivocó.

“Aunque lo parezca, no todo lo puede solucionar el dinero”

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